Sep
6
2016

Sanación y estados de conciencia

Acceder a los recursos internos de uno mismo para facilitar los procesos de curación del cuerpo es algo claramente posible y al alcance de todos los seres humanos. El problema es que la activación de estas capacidades reside en lo más profundo de nuestra conciencia, y eso lo hace realmente complejo.

Distintas disciplinas y terapias parecen ayudar al hombre a trabajar en su propia sanación cuando la enfermedad ha llegado, cada uno con sus propios procedimientos y rituales. Sin embargo, podríamos agrupar todos los caminos en sólo tres conjuntos. En primer lugar, consideremos aquellas técnicas que tratan de despertar las capacidades internas de la persona para obtener la solución de las propias enfermedades o trastornos. En segundo lugar, aquellos métodos en el que el sujeto actúa como canal de unas energías (a veces desconocidas) que, viniendo del exterior del ser, penetran en la enfermedad y la destruyen o la atenúan. El tercer grupo está formado por todos los casos en los que el individuo informa de una mejoría parcial o total después de haber solicitado ayuda, consuelo o directamente curación, de potencias espirituales, ya sean de origen religioso o no.

Sin entrar a valorar el porqué de la efectividad de los casos de curación por medio de herramientas “espirituales”, todos tienen en común un factor clave: el sujeto que accede a la sanación, sea cual sea su origen, ha de encontrarse, mientras tienen lugar los procedimientos en cuestión, en un estado de conciencia muy profundo, distinto al estado de vigilia y mucho más intenso desde el punto de vista de la actividad cerebral. Si este estado único no es alcanzado, los procesos de auto-curación no se activarán nunca. Por tanto, de poco sirven las afirmaciones, las visualizaciones o los rituales si el individuo no ha alcanzado el estado alterado de conciencia adecuado.

Determinadas personas son capaces de generar en sus cerebros, de manera natural, los patrones de ondas específicos que les permiten trabajar en su propia sanación. Estos individuos nacen con, probablemente, un don; pudiera parecer que su habilidad reside directamente en su capacidad de sanar, pero esto no es cierto. Sus facultades tienen más que ver con una enorme facilidad para alcanzar esos estados de conciencia tan especiales. Una vez que se encuentran ahí, el proceso de curación es fácil de activar. Por tanto, el secreto está en reproducir en una persona cualquiera, sin dones o capacidades previas, los patrones cerebrales apropiados. Logrando esto, el individuo se convierte automáticamente en un sanador. Los caminos para lograr este objetivo, excluyendo, como ya he comentado, a las personas que han nacido con un don especial, son fundamentalmente tres. Del más antiguo al más reciente en la historia de la humanidad: la ingestión de sustancias psicotrópicas, la práctica de la meditación y los sistemas tecnológicos autónomos.

El uso de drogas obtenidas de plantas (denominadas comúnmente “plantas sagradas” o “plantas de los dioses”) ha sido una constante, ya desde la prehistoria, tal y como están empezando a entender los estudiosos, gracias a los hallazgos arqueológicos y al análisis de las pinturas rupestres de cientos de cuevas a lo largo de todo el planeta. Las sustancias psicotrópicas sólo estaban al alcance de los chamanes, ya que eran ellos los encargados de mantener el bienestar de la tribu o del poblado. Gracias al empleo de dichas drogas, los chamanes decían atravesar otras dimensiones, desde donde actuaban para, por ejemplo, obtener curación. La ingestión de plantas sagradas era, por tanto, el método utilizado para llegar a ese potente estado de conciencia que posibilitaba la sanación del cuerpo y de la mente del propio chamán y, a veces, la de un determinado individuo del grupo.

En segundo lugar, la meditación también ha acompañado al ser humano desde tiempos muy remotos, aunque tenemos que situarla en periodos históricos. Mediante un sostenido uso de la voluntad, y con una práctica continua, las personas que hacen de la meditación un medio de vida son capaces de alcanzar estados de conciencia transformadores. Con el poder de su mente logran impulsar en su cerebro patrones de onda que son capaces de resolver múltiples problemas, ya sea como una medida buscada o como un efecto secundario a su actividad diaria. En cualquier caso, lograr tal grado de excelencia es tarea de muchos años. Los efectos de la meditación sobre la salud han sido comprobados múltiples ocasiones, gracias a estudios médicos de prestigiosas universidades y hospitales alrededor de todo el mundo.

Por último, y situándonos, en pleno siglo XX, la tecnología nos ha abierto otras interesantes puertas para abordar el desarrollo humano de cara al futuro. Con el progreso de la ciencia y gracias a determinadas ramas de la técnica, se están desarrollando sistemas autónomos que permiten al individuo reproducir a voluntad y sin esfuerzo los patrones de ondas cerebrales necesarios para alcanzar diferentes estados de conciencia, que son capaces de ayudar a nuestra salud física y emocional, además de permitirnos la exploración de nuestro ser más interno y secreto. En este ámbito, el prestigioso Instituto Monroe, de los EEUU, ha sido pionero en la investigación de la conciencia mediante el uso de estas herramientas, en concreto con la tecnología de sonido Hemi-Sync®, creada y patentada por su fundador Robert Monroe.

Hemi-Sync® funciona a través de auriculares o altavoces estéreos, basándose en el principio científico de “los tonos binaurales”. Estos son sonidos aparentes cuya sensación se produce como consecuencia de aplicar dos tonos de frecuencias distintas en cada uno de los oídos. Ante esta situación, el cerebro reacciona creando dentro de sí un tercer sonido, de frecuencia igual a la resta de las frecuencias de los dos sonidos aplicados. Después de más de 50 años de investigaciones, el trabajo del Instituto Monroe, ha sido reconocido por muchas organizaciones, importantes profesionales de la salud, hospitales y universidades. Su tecnología se emplea actualmente en centros de salud de varios países para mejorar los procesos de curación de los enfermos. Uno de las virtudes más importantes de Hemi-Sync® es su capacidad de entrenar al cerebro para que aprenda a generar por sí mismo, sin ayuda de la tecnología, los estados de conciencia más propicios para la consecución de los objetivos. Además, es un sistema no invasivo, ya que hablamos de la aplicación de sonidos inocuos, y que mantiene al individuo en un estado de pleno control de la experiencia.

Los estudios clínicos realizados en hospitales con la tecnología Hemi-Sync® han demostrado su efectividad para disminuir el dolor en enfermos crónicos, reducir drásticamente los efectos de la quimioterapia y radioterapia en casos de cáncer, acelerar la curación después de la cirugía, o disminuir enormemente los casos de recaída en personas con dependencia a las drogas y en alcohólicos en tratamiento médico. Muchos otras patologías se benefician de la acción de Hemi-Sync®, como la fibromialgia, el insomnio, los trastornos de hiperactividad, depresiones, etc. Otros tantos siguen siendo casos de estudio actualmente, ya que las posibilidades de aplicación de la tecnología, si nos centramos sólo en el campo de la salud, son cada vez más numerosas.

Como conclusión a todo lo anteriormente descrito, me permito reiterar que el ser humano dispone de un potencial enorme para mejorar su estado de salud, pero que el interruptor reside, en cualquier caso, en la posibilidad de entrar en estados específicos de conciencia más allá del sueño y de la vigilia. La clave del desarrollo humano reside, pues, en hacer al cerebro un aliado de la conciencia.

Artículo de Enrique Ramos publicado en la revista Universo Holístico en Septiembre de 2016.

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