Jun
3
2016

Elisabeth Kübler-Ross y su fascinante experiencia con Hemi-Sync®

El siguiente texto es un extracto de un artículo publicado en el febrero de 1980, en la revista Cosmopolitan, en el que se relata la primera experiencia con Hemi-Sync® y el Instituto Monroe de la doctora Elisabeth Kübler-Ross, una de las más importantes investigadoras a nivel mundial de las experiencias cercanas a la muerte y de la vida más allá de la vida:

Ella (Elisabeth) leyó la noticia y, posteriormente, se puso en contacto con Robert A. Monroe, un hombre de negocios de Virginia que ha tenido cientos de esas experiencias, algunas de las cuales son descritas en un libro alucinante llamado “Viajes fuera del cuerpo”. Monroe tiene un laboratorio en Virginia, donde realiza investigaciones sobre las experiencias fuera del cuerpo, que incluyen la experimentación con gente a las que enseña cómo tener experiencias fuera del cuerpo a voluntad. Elisabeth tenía muchas ganas de aprender sobre esto, porque deseaba entender mejor las experiencias de sus pacientes, así que fue a visitar a Monroe y logró sin dificultad controlar sus técnicas.

Su relato de hasta dónde le condujo esto comenzó con un fluir y una corriente ininterrumpida de palabras que ella constantemente describió como inadecuadas para comunicar la verdad de lo sucedido. Me senté fascinado mientras ella me contaba su notable experiencia que ella veía con una mezcla naturalidad y de asombro y admiración. Ella me tocaba el brazo a menudo mientras hablaba, como si quisiera asegurarse de que estaba compartiendo con ella su viaje:

“Cuando decido hacer algo, lo hago de todo corazón, y una gran ventaja que tengo es que no tengo miedo de nada, o de casi nada. Pero Bob Monroe no lo sabía; así que cuando tuve mi primera experiencia, fui demasiado rápido, y él intervino cuando yo estaba justo flotando en el techo. Me llamó y regresé inmediatamente a mi cuerpo. Yo estaba como loca, como no podía ser de otra manera. Fue la primera vez que tuve la oportunidad de hacerlo a voluntad, y me provocó una gran emoción el hecho de que hubiera funcionado. Me comporté como una niña excitada, pero justo cuando estaba llegando al techo, boom. Así que la próxima vez, pensé, ‘Se va a enterar. La próxima vez no me atrapará’. Eso en en nuestro idioma, claro, ya que en el estado fuera del cuerpo el lenguaje no existe.

Así que el momento en que comencé de nuevo, me dije. ‘Voy a ir tan rápido que nadie habrá ido tan rápido, y voy más lejos que nadie alguna vez haya ido’. Y en ese momento, cuando dije eso, despegué más rápido que la velocidad de la luz. Me sentía como si hubiera viajado un millón de millas, en mi idioma. Pero iba en horizontal en lugar de hacia arriba. Entienda usted que en una experiencia fuera del cuerpo no hay espacio ni tiempo, pero el pensamiento está tan condicionado que uno cree que tiene que ir hacia arriba o de lo contrario se chocará contra un muro o algo así. En el momento, me di cuenta que iba a la velocidad de la luz en posición horizontal. Cambié e hizo un giro en ángulo recto, rodeando una gran colina, y subí. Y entonces empecé a experimentar. Es increíble llegar a un lugar donde no hay tiempo y espacio.

Fue un viaje muy importante, y lo pasé genial. Allí estuve en el más total, absoluto, y más completo silencio, encantada de experimentar aquello. Fui a un lugar tan lejos que cuando regresé, algo increíble sucedió. Me sentí como una fuente de luz, es la mejor descripción que puedo dar. Me sentía como una fuente de luz que podía iluminar el rincón más oscuro del mundo, no puedo describirlo de otra manera.

Cuando salí del laboratorio, todo el mundo se quedó mirando y se preguntaba lo que había sucedido, pero yo no tenía ningún recuerdo, no podía recordar o decirles dónde había estado. Todo lo que sabía era que algo absolutamente increíble me había sucedido, algo que estaba más allá de toda descripción. Todo lo que podía recordar era la palabra Shanti Nilaya, y nadie sabía lo que eso significaba. Trataron por todos los medios que yo recordara, pero nada funcionó. Ahora sé que era porque no quería compartirlo todavía. Era demasiado sagrado para compartir con un grupo de desconocidos.

Esa noche, terminé durmiendo sola en una casa de huéspedes muy apartada, y entré en una especie de conflicto interno, con la sensación de que en si en realidad dormía allí, algo terrible sucedería. Pensé en tomar una habitación en otro motel, para estar en la presencia de otros seres humanos, pero valoré mis alternativas, sabía que había ido demasiado lejos y que no podía echarme atrás. Tenía que terminar lo que había empezado, eso es todo lo que sabía en ese momento. Así que fui a esa casa, y sabía de la inminencia de algo terrible que iba a suceder. No podía dormir, y no podía mantenerme despierta. Quería dormir para evitarlo, pero sabía que, al mismo tiempo que no podía evitarlo.

Y entonces tuve una de las experiencias más increíbles de mi vida. En una frase: experimenté la muerte de todos y cada uno de mis mil pacientes. Y me refiero al dolor físico, la disnea (dificultad para respirar), la agonía, la pidiendo ayuda a gritos. El dolor fue más allá de cualquier descripción. No tuve tiempo para pensar y no tuve tiempo para nada más que para coger un par de bocanadas de aire, como entre dos contracciones de parto. Era capaz de recuperar el aliento por una fracción de segundo, y le supliqué, supongo, a Dios un hombro donde apoyarme, un hombro humano, y visualicé el hombro de un hombre en el que podía poner mi cabeza. Y me vino una voz como de trueno: ‘No se te dará’. Esas palabras. Y luego volví a mi agonía y al dolor y a la disnea, y me incorporé en la cama. Pero estaba despierta. Es decir, que no era un sueño. Estaba reviviendo cada muerte de cada uno de mis pacientes moribundos, y todos los aspectos de la misma, no sólo la física.

Luego, una eternidad más tarde, rogué por una mano que me sostuviera. En mi fantasía deseé que una mano viniera por el lado derecho de la cama y pudiera agarrarla. Y luego otra vez esa voz: ‘No se te dará’. Entonces, sabes, hice todo un viaje auto-compasión. Fui a través de:’ Yo he sostenido tantas manos, y sin embargo ahora no obtengo una para mí en la hora de mi agonía, eso es todo. [Se ríe.] No he tenido tiempo para pensar en todo esto, pero era todo parte de la agonía. Entonces por un momento me preguntaba si se me permitía al menos pedir una yema de un dedo, algo con lo que no podría sostenerme, pero al menos sentiría cerca la presencia de otro ser humano. Pero típicamente mío, yo dije, ‘Maldita sea, no. Si no puedo conseguir una mano, no quiero un dedo tampoco’. Eso fue el derramamiento final de mi ira y la indignidad hacia Dios o quien sea, no quería un dedo si no podía tener una mano. Era algo así como ira o desafío, y también la comprensión de que en la agonía final tienes que hacerlo todo solo, nadie puede hacerlo por ti.

Una vez que me di cuenta de esto, dije en casi en tono de reto (y de nuevo esto no fue en palabras sino en experiencia): ‘Vale. Dámelo. Sea lo que sea que tengo que tomar. Estoy lista para tomarlo’. Creo que para entonces la agonía y el dolor, que se prolongaron durante horas, eran tan grandes que 10.000 muertes más no habrían hecho ninguna diferencia, ya que todo el dolor que podía soportar ya estaba allí de todos modos. Pero la segunda vez que dije sí a ello, realmente desde el fondo de mi corazón, sentí la confianza de que yo podía tomar cualquier cosa que viniera, y toda la disnea, hemorragia, dolor y agonía desaparecieron en una fracción de segundo, y llegó la experiencia de renacimiento más increíble.

Fue tan hermoso que no hay palabras para describirlo. Comenzó como una vibración en mi vientre, y miré (estaba con los ojos abiertos, plenamente consciente), y me dije, ‘Esto no puede ser’. Es decir, anatómicamente, fisiológicamente, no era posible. Vibraba muy rápido. Y entonces todo a lo que yo miraba en la habitación, mis piernas, el armario, la ventana, comenzó a vibrar en un millón de moléculas, a una velocidad increíble. Y frente a mí apareció una forma. La forma más cercana para describirlo es una vagina. La miré, y mientras me concentraba en ello, se convirtió en un capullo de flor de loto. Y mientras yo observaba esto en total asombro (había increíbles y bellos colores, olores y sonidos en la habitación) se abrió la más hermosa flor de loto. Y detrás de ella había como una amanecer, la luz más brillante se puede imaginar, pero que no hacía daño a los ojos. Y a medida que la flor se abría, su plenitud absoluta estaba totalmente presente en esta vida. En ese momento la luz era plena y abierta, al igual que el sol que estaba allí, y la flor estaba plena y abierta. Las vibraciones se detuvieron, y las millones de moléculas, incluyéndome mí (todo era parte del mundo) cayeron de una pieza. Era como si un millón de piezas cayeran en un todo, y yo era parte de ese todo. Y, finalmente, pensé, ‘estoy bien, porque soy parte de todo esto’.

Sé que esto sonará a locura para los que no hayan experimentado algo así. Es lo más íntimo que puedo compartir con usted. Fue algo tan increíblemente hermoso que si lo describiera como mil orgasmos al mismo tiempo sería una comparación muy inexacta. No hay palabras para ello, de verdad. El lenguaje es muy insuficiente.

Y luego, a la mañana siguiente, mientras caminaba, todo era increíble, porque estaba enamorada de cada hoja, de cada árbol, de cada ave, incluso de las piedrecillas. Es como si anduviera, no sobre las piedras, sino un poco por encima de ellas. Y yo decía a los guijarros ‘no puedo pisaros porque yo no puedo haceros daño’. Estaban vivos como yo, y yo era parte de todo este universo vivo. Tardé meses en poder describir todo esto con las mejores palabras que encontré.

Y entonces alguien me dijo que se trataba de una experiencia de la conciencia cósmica. He tenido muchas experiencias como esta desde entonces, siempre de forma espontánea cuando menos me lo espero. Pero tengo la experiencia en primer lugar, la experiencia mística, y luego tengo que leer sobre qué diablos es lo que me ha pasado, porque no leo cosas como estas ni tengo tiempo para para estudiarlas. De alguna manera tengo la suerte de tener la experiencia y luego pongo en orden mi cabeza días después.

Shanti Nilaya significa la ‘casa de la paz’, que es donde todos terminaremos un día, cuando hayamos pasado por todos los demonios y todas las angustias que trae la vida y hayamos sido capaces de aceptarlos. Esta es la recompensa por todo el dolor y la agonía que la gente tiene que experimentar.

 

Traducción de un artículo de la sección “Studies Research” de la web del Instituto Monroe.

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