Ago
6
2011

Los comienzos del Instituto Monroe

Recientemente mudado a Whistlefield en la década de los 70, Robert Monroe creó su primer laboratorio de investigación en el edificio que él mismo usaba como oficina y que estaba adjunto a la nueva vivienda. Este laboratorio incluía una sala de control, sala de encuentro y conversación, y tres cámaras aisladas, una de ellas incluso contra las interferencias electromagnéticas. También había una sala para que cinco personas pudiesen probar a la vez las grabaciones con auriculares. Para acomodar a los voluntarios de sus experimentos, levantó una casa de invitados, cuya logística se hizo responsabilidad de Nancy, su esposa.

Había realizado ya algunas pruebas consigo mismo y con Nancy, empleando un equipo de radio para crear grabaciones que, pasadas durante la noche con auriculares, podrían conducir a un aprendizaje acelerado. Pasado el tiempo, contactó con algunos científicos e ingenieros que se prestaron a realizar experimentos con él varias veces por semana y a contribuir a montar los elementos técnicos del laboratorio, como las conexiones con la sala de control, los aparatos de medida, y otras muchas cosas por hacer.

Los primeros experimentos los realizó con dos de sus primeros socios en el proyecto, Tom Campbell, físico, y Dennis Mennerich, ingeniero eléctrico. Robert intentaba conducir a los sujetos a un estado de relajación profunda, cercano al sueño, con sus propias instrucciones verbales y los sonidos de un equipo de radio.

Posteriormente fueron apareciendo otros voluntarios, entre los que había médicos, amigos, familiares, trabajadores sociales, etc. Los resultados no eran muy positivos, ya que la mayoría de ellos caían dormidos rápidamente o bien no eran capaces de aguantar largas sesiones. Monroe se hizo consciente de que necesitaba una forma de mantener a los individuos despiertos y alerta, a la vez que relajados, si es que quería obtener información de valor.

No obstante, algunos de sus invitados sí que eran capaces de mantenerse lo suficientemente activos durante la sesión para informar de su estado, sus sensaciones y sus vivencias. Monroe identificó así el primero de los estados de conciencia que diferenciaría a lo largo de los años: el estado “mente despierta, cuerpo dormido”, al que denominaría “Enfoque 10”. Comprobó que en este estado el cerebro produce una mezcla de ondas delta (sueño profundo), alfa y zeta (sueño ligero) y una pequeña proporción de ondas beta (alerta).

Un día, por casualidad, su socio Dennis Mennerich, leyó un artículo de investigación en una publicación científica en el que se hablaba sobre los “tonos binaurales”, algo que ya había descubierto H. W. Dove en el S.XIX, pero que en estos momentos estaba siendo analizado de nuevo tras años de olvido. Este artículo fue el responsable de que se comenzara a experimentar en el laboratorio con dicho fenómeno. Se realizaron grabaciones y las pruebas que se hicieron fueron arrojando datos sobre la respuesta del cerebro a las distintas frecuencias, y los estados de conciencia asociados. Fue el comienzo del desarrollo de la tecnología Hemi-Sync®, que patentaría después Robert Monroe.

Desde aquel momento, Robert y sus amigos iniciaron una nueva fase de investigación, en la que se sucederían increíbles fenómenos y experiencias paranormales como consecuencia del uso de los tonos binaurales.

Al poco tiempo, surgió la oportunidad de viajar lejos de Virginia para organizar dos talleres de fin de semana. En estos talleres se ofrecía comida y descansos para pequeñas siestas o descansos. En cada uno participaron 22 personas anónimas, que no tenían apenas información sobre lo que iban a experimentar en el recién identificado Enfoque 10.

Después vinieron otros talleres de fin de semana en hoteles de Virginia, ya con un primer Instructor “oficial”, Scooter. Como todo comienzo, fue duro y problemático. La organización y la adaptación de los hoteles al fin convenido, no fue tarea fácil.

La demanda de participación se incrementaba rápidamente, por lo que Campbell y Mennerich se incorporaron también como Instructores. Ya no sólo acudía gente anónima, sino expertos en diferentes materias y disciplinas, afamados escritores, etc. En 1975, Monroe renombró el proyecto como “Instituto Monroe de Ciencias Aplicadas” y patentó la tecnología de tonos binaurales con el primer nombre de “Mentronics”. También creó el primer programa oficial de seis días y lo llamó “M-5000”, de “Mentronics-5000”, en el que se enseñaría a entrar en distintos estados de conciencia.

Posteriormente, la tecnología patentada fue renombrada como “Hemi-Sync®” y el primer programa largo como “Gateway Voyage”, con cuyo nuevo título se estrenó en 1977 con cuarenta participantes en Montana. El programa fue todo un éxito, con multitud de experiencias paranormales y espirituales.

Pero las cosas no marchaban tan bien, porque entre otras cosas, las actividades del Instituto no proporcionaban ingresos con los que mantenerlo, y Monroe había dejado algunos de sus negocios para dedicarse en gran medida a su proyecto. Algunos de sus más íntimos colaboradores abandonaron el Instituto, como Campbell, pero otros que se convertirían en piedra fundamental del Instituto años después comenzaron a contactar a él, como Skip Atwater, procedente de los servicios de inteligencia del ejército norteamericano. Mientras tanto, Scooter continuaba realizando talleres allá donde se demandaban y colaboraba en los programas de seis días. Incluso se realizaron programas de diez jornadas, que resultaron ser demasiado largos y cansados.

Monroe comenzó a reclutar plantilla para tareas administrativas, ya que la organización seguía creciendo, pero aún así, la presión se hizo demasiado intensa. Monroe fue consciente entonces de que necesitaban dar un paso más allá si querían que el Instituto sobreviviera. Necesitaban autofinanciarse, por lo que surgió la idea de crear un auténtico centro residencial propio donde desarrollar tanto la investigación como los programas. Pronto, Monroe, su familia y su equipo se trasladarían a Faber.

Comenzaba entonces una nueva etapa.

 

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