Ago
6
2011

Entrenar el Cerebro, explorar la Conciencia

En realidad, el cerebro es una gran computadora que nunca para de trabajar. Realmente podemos imaginarlo como si tuviese miles de pequeñas compuertas o esclusas que dejaran pasar o bloquearan la percepción del mundo (externo e interno). Si todas las portezuelas se cerrasen de golpe, no habría percepción alguna de la realidad. Si todas se abriesen de golpe, ocurriría una especie de percepción total.

Pero muy raramente tiene lugar uno de estos dos extremos.

Habitualmente, ese movimiento alternante de esclusas es continuo y provoca un auténtico diálogo interno permanente que determina quién creemos que somos y qué creemos que es el mundo que nos envuelve. Si fuésemos capaces de entender ese diálogo interno, esa música, ese baile de cerraduras, y fuéramos capaces de pararlo en un instante de puertas abiertas, se produciría el milagro. Se pararía el mundo, porque dejaría de ser construido, entrando en un estado de puro acto en el que las cosas no se piensan, se hacen.

Los beneficios de suprimir temporalmente ese diálogo interno juegan a tres niveles.

A nivel emocional, ocurre sorprendentemente una reducción de la auto importancia, del egocentrismo, del egoísmo. Cuando uno ya no se habla a sí mismo de sí, ni de los eventos que lo rodean, todas las cosas cobran la misma importancia o, mejor dicho, la misma no importancia. Uno se permite a sí mismo valorar las cosas en su justa medida.

A nivel espiritual se gana serenidad, porque se recupera las capacidades básicas de un creador. Si el diálogo interno que tenemos de forma ininterrumpida es lo que alza el edificio del mundo conocido, entonces, si lo detenemos, volvemos al punto neutro donde la creación de la realidad está por comenzar, donde el espectáculo aún no ha comenzado.

Adicionalmente, desde ese punto cero, el ser humano se hace menos disponible a las influencias negativas y más accesible a las positivas. Diríamos que el pensamiento es como un cazador, que está continuamente recorriendo el bosque en busca de la presa, que somos nosotros, el yo esencial. La presa sólo tiene posibilidades si consigue no tener hábitos pesados, si logra salirse del camino y pernoctar cada noche en un lugar distinto, haciéndose imprevisible para el perseguidor. Entrando de forma frecuente esa dinámica, el ciervo se hace inaccesible, queda fuera del alcance del cazador. Es decir, si paramos el diálogo interno, la mente cada día se encuentra más y más desconcertada, y el yo cada día es más y más libre.

En un tercer nivel, el nivel corporal, existen estudios científicos sobre los efectos beneficiosos del entrenamiento cerebral sobre el bienestar físico, la prevención de enfermedades y el mantenimiento de un estado óptimo. Las investigaciones realizadas arrojan datos claros sobre la mejoría visible sobre el sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema inmunológico.

Sin embargo, es el sistema endocrino el responsable del equilibrio de la salud del cuerpo. El deterioro de las glándulas endocrinas lleva arrastrado el deterioro de los otros dos sistemas. Se conoce que el deterioro de dichas glándulas comienza muy temprano, hacia los veinte años. La segregación de las distintas hormonas comienza a decrecer desde esa edad, y la degeneración del cuerpo se inicia.

Detrás de esta disminución en la segregación de hormonas, está en gran parte el deterioro del hipotálamo y la glándula pituitaria. Ambos elementos son los reguladores del sistema endocrino, algo así como los directores de orquesta. Sus enemigos más directos son la hormona del estrés (cortisol) y la adrenalina, con gran capacidad para deteriorarlos.

Además de mantener una dieta sana y equilibrada, con aportes extras de sustancias que favorezcan el funcionamiento del sistema endocrino (vitaminas E y C, selenio, magnesio, zinc…), se puede incorporar la práctica del entrenamiento cerebral, con el objetivo de reducir la segregación de adrenalina y cortisol.

¿Cómo podemos entonces habituar al cerebro a estos estados de conciencia? Un camino parte de las técnicas tradicionales de meditación, por ejemplo. Sin embargo, la tecnología Hemi-Sync, del Instituto Monroe, representa una herramienta moderna para el entrenamiento cerebral, ya que permite entrar en estados profundos a voluntad y de una manera no invasiva. Es probablemente la alternativa más fácil y segura de lograr este objetivo.

 

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